Editorial

POLÍTICA, UN MUNDO DE BABEL

Cuenta la Biblia que después del gran Diluvio a los tres hijos de Noé les nacieron numerosos vástagos y a éstos, a su vez, muchos otros. En aquel tiempo mítico la humanidad no tenía más que un solo lenguaje y unos mismos vocablos. Los descendientes partieron en busca de otras tierras y encontraron una feraz vega donde decidieron instalarse y edificar una ciudad con una torre suprema que llegase al cielo y que les hiciera célebres. Fue tal su soberbia, que su Dios decidió castigarlos confundiendo su lengua de modo que no pudieran entenderse, por lo que se vieron obligados a dejar la obra emprendida y dispersarse para subsistir. La torre de Babel también se llamó torre de la Confusión. La moraleja de este episodio es que sólo con la comunicación veraz, la unión sincera y el entendimiento abierto en todas las cuestiones que puedan suscitarse es posible el compromiso, la convivencia y la prosperidad.

Hubo un tiempo durante el cual, los políticos, aun ejerciendo una función flexible, circunstancial y volátil, procuraban cumplir, en la medida de sus posibilidades, los compromisos adquiridos en su programa, con una imagen de veracidad cierta en sus palabras y, sin duda, con su mayor expresión de honestidad y talla cultural y humana. Hoy, este planteamiento positivista se ha transformado en una vorágine destartalada, donde proliferan el oportunismo, la falacia descarada y, si cabe, la depravación camuflada, a veces resuelta con un "mea culpa" sin consecuencias.

Nos encontramos pues en un mundo, casi de Babel, donde las desavenencias comunicativas entre unos y otros nos están llevando al limite del individualismo social y al estado de muchedumbres incomunicadas. Esperemos que pronto, los políticos y dirigentes recapaciten, frenen su deriva y estimulen sinergias constructivas, plenas de empatía (En la figura, La Torre de Babel, pintura al óleo sobre lienzo de Pieter Brueghel, el Viejo).

lun

05

abr

2021

El espectáculo político, lodo para llorar

Si no fuera por el drama que vivimos, la pandemia vírica y sus consecuencias (crisis sanitaria, económica y social), lo que está ocurriendo con la clase política de nuestro país podría calificarse de espectáculo esperpéntico, en el más amplio sentido del término y, sin duda, da pie a pensar que no tenemos solución ni futuro, que nuestra España podría ser un estado fallido. ¿Cómo es posible que partidos políticos que rezuman corrupción por cualquier pespunte, individual o colectivo, perseveren en su estado nocivo sin recibir la más mínima sanción correctora o reprimenda de sus acólitos y seguidores? ¿Dónde guardaron estos partidos sus principios y valores, que tanto enarbolan y escupen como arma arrojadiza, para denostar a los contrarios? ¿Cómo puede un político de lista cambiar de partido, pasando de un programa que se supone asumido a otro programa, cuyos objetivos declarados son diferentes e, incluso, contradictorios? ¿Cómo podemos defendernos de partidos políticos que, descaradamente, ofrecen puestos y prebendas, personalmente seductoras, a los líderes de otros partidos en confrontación? ¿Qué sanción debe recibir un tránsfuga o un traidor partidario? ¿Cómo es posible que haya ciudadanos que sigan votando, con los ojos cerrados o abiertos, a políticos mediocres de hecho, corruptos, incompetentes y tránsfugas? ¿Qué justificación puede encontrarse para que haya determinados partidos políticos que, después de haber perdido campañas innúmeras siempre reduciendo su representación, sigan pujando por mantenerse en el poder, aún a expensas de alianzas extemporáneas y contradictorias? ¿Cómo puede un partido defender confrontaciones violentas y, sin embargo, recibir el beneplácito de un número señalado de ciudadanos? ¿Hemos olvidado nuestros valores? ¿Hemos olvidado nuestra historia? ¿Navegamos en el mar de la necedad, próximos al arrecife de la imbecilidad? Está claro que debemos buscar soluciones: nuestra única arma, el voto y la actitud.

lun

01

mar

2021

¡Una llamada al recuerdo!

Nuevamente, y en medio de una mortal pandemia que a todos nos acosa, debemos romper una lanza en pro del recuerdo a los débiles. En contra de los insensatos, banales y bandidos, y a favor de aquellos que sufren las consecuencias de sus decisiones, actuaciones y omisiones. Las palabras que hace ya años plasmamos en esta misma Agenda siguen siendo oportunas y válidas: Cuando casi todo el mundo dirige su atención al escándalo y dislates de los mandatarios políticos, cada vez menos consecuentes y sensibles al drama social de nuestra maltrecha humanidad. Cuando las consecuencias debidas a nefastas decisiones y acciones claramente erradas están poniendo en peligro la supervivencia de nuestro planeta o el futuro de la Humanidad, sin la posibilidad de allegar medidas correctivas de urgencia. Cuando miles de personas se hacinan en lamentables condiciones de precariedad, sufrimiento y abandono, consecuencia de nuestro egoísmo desaprensivo y sin que movamos un dedo para mitigar su situación. Merece la pena romper una lanza por ellos, contribuyendo a generar una ola de empatía humanitaria que alivie lo más posible su tormento.

vie

01

ene

2021

2021, un año de nueva esperanza

Termina el año 2020 y aún no hemos salido de la triste situación que nos acongoja. Parece, sin embargo, que se atisba algo de luz al fondo del túnel: vacunas y propósitos de enmienda. Tenemos, por supuesto, que portarnos bien, ser obedientes para con las indicaciones de nuestros políticos gestores y actuar con prudencia, evitando el acoso de Doña Estulticia. Haciendo de tripas corazón, debemos aislar lo más posible a nuestros mayores(por su bien), evitar el intercambio directo de cariño con nuestros seres queridos (por nuestro bien), fomentar una mínima socialización con nuestros allegados (por el bien de todos), abandonar nuestro afán de movilidad geográfica y temporal (imprescindible el estancamiento forzado de los ciudadanos) y olvidar (hasta nuevo aviso) nuestra comunión con la Naturaleza y la Sociedad (para bien de nosotros y de los demás). Amén de ser limpios (asepsia permanente) y portar una conveniente máscara protectora. Todo esto nos acompañará durante un tiempo, nada preciso, y pese a que hayamos promovido (de la noche a la mañana) ingentes cantidades de vacunas, casi sin tiempo (al parecer) de comprender el comportamiento y naturaleza del virus. ¿Recuerdan el relato de H. G. Wells, “La guerra de los mundos”? Parecía que todo estaba perdido para la humanidad y los invasores todopoderosos tuvieron que infectarse con un virus dañino. Pues ahora nos ha ocurrido lo mismo, pero al revés: la Naturaleza estaba perdida con nuestro natural desafuero y prepotencia, y tuvimos que agarrar el virus. Un virus que acabará por cambiar nuestra vida y costumbres. Es una pena que no aprendamos casi nunca. Quizás la causa radique en la estulticia crónica que padecemos. Llega pues 2021 con su vacuna ¡Cantemos a la esperanza! ¡Cantemos a la alegría! Recordemos en este momento el 250 aniversario del nacimiento de Beethoven ¡Es el momento de oír en su honor la Novena Sinfonía y su canto a la alegría!

mar

01

dic

2020

2020, un año que no olvidaremos

LLEGA diciembre y con él una nueva esperanza de vida: 2021. La posibilidad de una vacuna, protectora, que no remedio, nos hace ver a este año futuro todavía como el inicio de un nuevo trayecto, más esperanzador, en nuestra vida, libre de la pandemia y en el que quizás recuperemos el tiempo perdido, las ilusiones truncadas y nuestras mejores costumbres, que tuvimos la necesidad de abandonar. No así, por desgracia, a muchos mayores, conocidos, amistades y familiares que nos abandonaron forzadamente, sin eximición y muy en contra de su voluntad. 2020 ha sido un año en el que hemos podido comprobar, sin alguna duda, lo efímera y frágil que es nuestra especie ante cualquier mínimo ataque del medio en el que vivimos. Hemos aprendido que no hay que olvidar nunca nuestra exigua condición ante una Naturaleza que nos rodea y permanece siempre poderosa y activa. Pensábamos, todo poderosos, que habíamos ganado la batalla y que ya sólo quedaba, con tranquilidad y sin prisas, que nos concienciáramos, sin modificar nuestro ritmo de crecimiento, para atenuar el impacto ya perceptible en el medio ambiente que nos da cobijo. Altivos y arrogantes, abandonamos nuestra preocupación por mantener el cultivo cultural y la afirmación de la ciencia madre, que siempre fueron nuestra histórica tabla de salvación ante las eventuales adversidades, siempre presentes, del mundo natural. Dedicamos nuestro tiempo a enfrentar pareceres e intereses, poder y dominio, futilidades y estulticia, sustrayendo nuestra atención de lo que verdaderamente interesa. Pero en 2020 surgió el problema del virus, ser minúsculo aunque nocivo, y aquí nos vemos, desconcertados e indefensos, desorganizados y aturdidos, casi en desbandada. Esperemos que el nuevo año de esperanza, 2021, nos sea leve y hayamos memorizado la lección. ¡Suerte a todos! 

mar

03

nov

2020

Tiempos de esperanza

Dos cosas llenan el ánimo de admiración y respeto, siempre nuevos y crecientes cuanto más reiterada y persistentemente se ocupa de ellas la reflexión: el cielo estrellado que está sobre mí y la ley moral que hay en mí. Son cosas ambas que no debo buscar fuera de mi círculo visual y limitarme a conjeturarlas como si estuvieran envueltas en tinieblas o se hallaran en lo trascendente; las veo ante mí y las enlazo directamente con la conciencia de mi existencia. La primera arranca del sitio que yo ocupo en el mundo sensible externo, y ensancha el enlace en que yo estoy hacia lo inmensamente grande con mundos y más mundos y sistemas de sistemas, y además su principio y duración hacia los tiempos ilimitados de su movimiento periódico.

 

La segunda arranca de mi yo invisible, de mi personalidad y me expone en un mundo que tiene verdadera infinidad, pero sólo es captable por el entendimiento, y con el cual (y, en consecuencia, al mismo tiempo también con todos los demás mundos visibles) me reconozco enlazado no de modo puramente contingente como aquél, sino universal y necesario. La primera visión de una innumerable multitud de mundos aniquila, por así decir, mi importancia como siendo criatura animal que debe devolver al planeta (sólo un punto en el universo) la materia de donde salió después de haber estado provisto por breve tiempo de energía vital (no se sabe cómo). La segunda, en cambio, eleva mi valor como inteligencia infinitamente, en virtud de mi personalidad, en la cual la ley moral me revela una vida independiente de la animalidad y aun de todo el mundo sensible, por lo menos en la medida en que pueda inferirse de la destinación finalista de mi existencia en virtud de esta ley, destinación que no está limitada a las condiciones y límites de esta vida.

 

Immanuel Kant, Conclusión en La Crítica de la razón práctica (1787) Son palabras inmensas, que rebotan en nuestro entendimiento, dándonos energía y valor para superar con esperanza la pérfida situación en la que hoy sobrevive el mundo humano: lugares comunes plenos de dramatismo, dolor y mediocridad. ¡Mejor ocasión no hay para el idealismo religioso! ¡Salvaguardemos la razón y los valores éticos! 

jue

01

oct

2020

Tiempos duros

Parecía que nuestro mundo evolucionaba hacia las más altas cotas de solidez, que los sistemas democráticos se autoafirmaban y consolidaban, que el ruido y la descomposición cultural se reducían progresivamente y que el orden social progresaba, disminuyendo con evidencias el cúmulo de patologías que, crónicamente, han caracterizado el devenir histórico de nuestra especie. Había señales que evidenciaban la intensificación de la empatía entre las diversas sociedades y los colectivos que pueblan nuestro planeta (posiblemente el único en el Universo) y que podríamos anticipar objetivamente un horizonte de concordia, en colectividad y gran sintonía.

 

Pero, de pronto, casi de la noche a la mañana, nos vimos invadidos por una ola (muchedumbre) de mediocridad (política, económica, religiosa), descompensación y reemplazo de unos valores asentados por otros inestables. Nuestra democracia, tan costosamente construida, casi perdió significado y funciones, pasando a ser el sistema de convivencia menos malo pero el, posiblemente, más contaminado por la mentira y la corrupción.

 

En esto estábamos y nos invadió la pandemia de la covid-19. Un acontecimiento que nos cogió por sorpresa y sin protección: desprevenidos. Para atajar sus efectos (nunca imaginados) hemos optado por una huida hacia el individualismo; es decir, potenciando la tendencia a pensar y actuar conforme a los criterios propios de cada sujeto (como único responsable), con total independencia de las determinaciones sociales, externas a su persona. En definitiva, defendiendo la dignidad moral del individuo, es decir, de la persona singular, en relación con el contexto social que, de alguna manera, lo puede presionar. Lo cual lleva, inevitablemente, al individualismo más radical, que hace a los sujetos pensar y actuar en función no solo de sus propios intereses, sino de los placeres personales y la autosatisfacción. Dicho de otro modo, a la conjunción del egoísmo, el narcisismo, el hedonismo y el consumismo. Tratándose así de un modo precario de vivir, que deshumaniza a las personas.

mar

01

sep

2020

Renovada esperanza

INICIAMOS este curso maltrechos por la pandemia y recordando cálidamente a los que se fueron, muy a su pesar, y a los que batallaron en vanguardia para que aquellos no nos dejaran antes de tiempo; aún manteniendo la firme esperanza de que con nuestro esfuerzo y voluntaria disposición podremos y sabremos sostener el hálito cultural amigable que hubieran deseado en su presencia.

     Con las restricciones que impone, todavía, el global drama, intentaremos retomar las actividades propias de esta casa de cultura, que es el Ateneo de Badajoz, sabiendo que su dinámica natural (conferencias, charlas, coloquios, debates, seminarios, etc.) ha de permanecer siempre intacta y, si cabe ahora, de forma más intensa y selecta, en los temas que interesan a nuestra sociedad hoy.

 

     Por ello, sed bienvenidos al Ateneo de Badajoz que, el próximo mes de septiembre de 2020, comienza nuevamente a rodar.

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mar

24

mar

2020

PAISAJE EN LA VENTANA

La primavera llega sin prisa a mi ventana,

con su sonrisa azul, con brillos de esmeralda.

Y yo me asomo a ella en la quietud, callada,

con palidez de muerta, con mis alas quemadas.

 

Hay silencio en las calles, en calma, vaciadas.

¿Dónde están los vecinos que ayer alborotaban?

¿Dónde quedan las risas? ¿Los juegos, la algazara?

Ya no se ven los niños de paso presuroso

camino del colegio con brillo en la mirada,

cual tiernos pajarillos transportando esperanzas.

 

Me aquieto en el silencio, escucho a la mañana,

si acaso un leve trino, un piar con desgana.

Me esfuerzo, y sí, diviso, revuelos de alas blancas

en la hondura del pino enfrente a mi ventana.

 

Respiro y olfateo la brisa que me abraza

y lame las heridas de mi desierta casa.

Un día más, me reafirmo, para seguir viviendo,

para ver lo que pasa, sostenida en los rezos

que contienen el miedo, que alivian la nostalgia.

 

Un día menos, me digo, que me acerca a la vida

prendida en tu mirada, a los días sin fronteras,

al caminar con calma. Al beso y al abrazo

de amigos y familia que siento tanto en falta.

 

Al cálido refugio que brinda la palabra

 

Enfrente de la mía hay ventanas con alma,

con risas y con sueños y no puedo alcanzarlas.

Brilla el sol y en el cielo hay racimos de nubes

con signos comprensibles de amor y de esperanza:

<<Volverán los abrazos, ten fortaleza, aguanta…

Te encontrarás a salvo si te quedas en casa>>

 

Chari Llanos Pineda. (Derechos reservados)

(23 de marzo de 2020)

 

 

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‘Pulso y Púa’, compuesto por el fontanés Agustín M. Almoril (laúd), Miguel Lucas, Gregorio Rodríguez (bandurrias), Manuel Lezcano, Enrique Campillo y Fernando Carvajal, abre sus seminarios a todos los socios del Ateneo de Badajoz que deseen acudir a ellos, y que hayan estado en contacto con alguno de estos instrumentos y quieran tañerlos de nuevo.

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Intercambio de libros

En ocasiones nos apetece leer libros no comerciales o que ya han sido descatalogados; otras veces el precio de los nuevos es muy alto y optamos por no comprárnoslo. Deseamos que nada de esto reduzca el ritmo de lectura de nadie y por ello te hacemos esta propuesta: Trae un libro que ya no quieras e intercámbialo por uno de los que tendremos preparados a partir de octubre. Puedes traer todos los libros que quieras y venir cuantas veces desees, ya que las obras que te puedes llevar irán cambiando.

 

Ponencia: El electrón III

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Ponencia: Plasticidad neuronal y nuevos paradigmas

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